en la madriguera, Mundo de Color

Actualizado: 4 de abr de 2020




¡Erase que se era!...

Así empezaba mi tía María todos los relatos que me contaba.


Recuerdo con cariño un relato fantasioso que ella me contó, cuando yo tenía siete años y pasé unas fiebres altas que me mantuvieron en cama una semana. La historia de la tía me cautivó para siempre en el tiempo.

Adoraba a mi tía, misionera intrépida en Paraguay.

Mujer de mucha labia y gran capacidad para ver siempre lo positivo. Cuando venía de visita me hablaba de los indios, de sus pelajes, de sus costumbres. Yo me quedaba embobada escuchando sus leyendas y relatos reales.

Recuerdo por mi estado febril que podía imaginar con todo lujo de detalles todo el relato narrado con voz dulce y acompasada, nunca jamás mis ojos fueron testigos de tantos colores y a veces, con ellos cerrados escuchaba la voz de mi tía. Pronto partiría hacia tierras lejanas y no volvería a verla hasta pasados cuatro años. Esto me hacía no perder la conciencia pues tenía miedo a despertar y que ya se hubiese marchado. Luchaba contra la fiebre, que quería cerrar mis ojos, para no perder detalle y así es; que escuché:


¡Erase que se era!, (porque así empiezan "mihija" todos los cuentos contados con amor).

Un mundo lleno de color y fantasía donde: "los pájaros podían volar y nadar".

Todos los grandes avances tecnológicos de los que la sociedad moderna disponía lo hacían cómodo y seguro. Sus habitantes, lejos de imaginar lo que el futuro les deparaba, vivían felices e ignorantes del mal que se les vendría encima.


Este bonito mundo, repentinamente, entró en un caos despiadado y todos los seres sufrieron una adaptación de su vida tal y como la conocían.

Sin apenas tiempo de reacción apareció un "virubicho", que sin mucha importancia se coló entre los habitantes de "una ciudad". El resto del país y demás países del mundo oían hablar de él pero con sus vidas seguían, sin mostrar mucha preocupación. Pensaban que sería uno de tantos virus que no cruzarían naciones, derribando fronteras, levantando muros de soledad y aislamiento.

Todas las criaturas y los humanos tuvieron que entrar en aislamiento para salvar su existencia, excepto los pájaros en libertad (que podían volar y nadar) que no modificaron su habitat. De alguna forma, inexplicable, no eran sensibles a la bacteria que estaba asolando el planeta.


El cielo empezaba a tornarse gris y los humanos fueron llamados a confinarse en sus casas con sus familias. Las mascotas, permitidas en este aislamiento, vivieron días de encierro con sus dueños. Compartiendo más que nunca la compañía que se brindaban los unos a los otros.

Los zoos, de todo el planeta se protegieron con escafandras gigantes de oxígeno, fabricadas por la mano del hombre en tiempo récord para intentar salvar el mayor número de especies posibles. Los humanos trabajaron día y noche para proteger a los animales en cautiverio pues aún no sabían si sería posible el contagio de esta bacteria.

Todos los animales terrestres en libertad "mutaron como peces" desarrollando escamas y aletas, rápidamente adaptaron sus bronquios al medio submarino pudiendo navegar por los ricos océanos llenos de coral. Dando lugar a la creación de nuevas especies, enriqueciendo de manera infinita toda la flora y fauna acuática. Llenando los mares de nuevas texturas, ojos, colores y patas convertidas en patitas recogidas en sus lomos para poder surcar las aguas.


Philippo tenía 16 años, era un joven delgaducho e inquieto que gustaba de saltar de aquí para allá. Le encantaba retransmitir las noticias que escuchaba en el barrio sobre los vecinos. Vivía con su familia al borde de un acantilado, precioso, desde donde se podía ver el mar; durante las comidas le encantaba hacer eco a sus padres de todo lo que para él resultaba insólito.

En su habitación, llena de color y fantasía, que compartía con sus dos hermanitos pequeños se podía observar los pájaros en libertad que podían volar y nadar: ellos conectaban la vida aérea, terráquea y marina. A veces soñaba con ser como Peter Pan, deseando volar, inventando juegos que compartía con sus hermanos en los días lluviosos.

Sus padres, temiendo cual sería la reacción de Philippo (por su espíritu inquieto) le explicaron la situación de aislamiento y le hicieron entender de la importancia del confinamiento en casa. Le dijeron que crearían su mini mundo interno hasta que todo pasase y los científicos pudiesen aportar soluciones, ¡que permaneciese tranquilo, que todo iría bien!.


A nuestro protagonista "mihija"le tocaba crecer, ser responsable y entender. Oía a sus padres como decían:


Que era un ¡Mundo Chalado, un Mundo Piruleta! que después de tantos siglos de existencia y haber superados tantas "gripas" y pandemias se veía afectado por un virubicho del Siglo XXI.

Este loco virubicho, fuerte y desconocido estaba haciendo de las suyas por todos los países, riéndose de humanos y mandatarios. Arrastrando la política al submundo inventado de guerras de salivas y de golpecitos en el pecho: "yo si fuí, yo no fuí". Desconcertando a los ciudadanos y haciéndoles perder la ilusión y la esperanza en muchas ocasiones cuando sus fuerzas veían flaquear o sufrían la pérdida de un ser querido. El mundo se estaba tornando gris marengo con alas de polilla cabezona.


Los científicos crearon la vacuna de La Espera, que aportaba alimento e inmunidad a todos los seres en aislamiento responsable. La sociedad tuvo que esperar con calma y paciencia en sus madrigueras sin perder la ilusión, confiando en un futuro mejor.


En los zoos de todo el mundo, protegidos bajo sus escafandras, se quitaron las jaulas y los confinamientos de los animales . Se crearon mini mundos en los que imperaba la ley de la jungla y sólo los más fuertes sobrevivirían.

En comunas y con sus formas propias de protección: ¡cazando para comer!, ¡protegiéndose del enemigo!, ¡creando una nueva cadena alimenticia!. El ciclo de la nueva vida surgía.

Leones, tigres, elefante, jirafas, monos, marsupiales, focas, delfines, cocodrilos y un sin fin de especies que vivían en cautiverio ahora quedaban expuestas a su destino.

La lucha empezaba, ¡grrrrrrrr.....!


El mundo acuático, lleno de seres de patitas cortas con aletas fulgurantes de movimientos nuevos desconocidos, se adaptaba creando un ecosistema que propiciaba la sostenibilidad de un gran número de razas mutadas , que convivían en armonía con ballenas, peces de todas las especies, caballitos, pulpos, cangrejos, paparajotes, cachalotes, langostones, esponjones , torrijones de azúcar y miel; que junto a los pepinos de mar y los corales de colores de las más bellas formas jamás imaginadas crearon un mundo marino lleno de armonía.


"Y los pájaros en libertad que podían volar y nadar"revoloteaban burbujeantes como tornados: llenando de vida las aguas con burbujas de esperanza. Mezclando el plancton de todos los mares y océanos.

"Y con sus piruetas alegraban a los humanos a través de sus ventanas". Alentaban su existir con sus cantos armoniosos llenos de paz y amistad. Uniendo los pensamientos libres de un mañana incierto, llevando luz y esperanza a todos los habitantes del planeta.

"Y a los animales en el zoo", los pájaros en libertad que podían volar y nadar, a través de las escafandras gigantes les formaban bonitas escuadrillas en rigurosa formación acrobática, llenando el cielo de vida y movimiento, creando un mañana sumido en la batalla.

Entendiendo así su lucha, su voracidad, recobrando todas las especies su esencia, sus principios, su armonía, su ecosistema libre de la mano del hombre.

Así empezaron a crecer nuevas plantas y árboles hasta cubrir las escafandras con un manto de naturaleza viva. Lianas, lagunas y aguas manantiales surgieron de todos lados. Creando cobijos y escondijos, llevando protección a todos los animales en los zoos.

Un nuevo Mundo se estaba creando.


Los pájaros en libertad que podían "volar y nadar", muy conscientes de que ellos debían encontrar el nexo de unión y la esperanza del mundo siempre andaban pensando.

En su rutina multifuncional estaba el pensamiento primario unido a la limpieza y el movimiento.

Se convirtieron en seres preciosos, casi perfectos:

No excretaban, no manchaban.

Sólo volaban, nadaban,

Pensaban:


¿Cómo conseguir de nuevo el equilibrio de un mundo precioso teñido de tristeza?

Habían empezado a surgir mini mundos, solo hacía falta encontrar el antídoto para acabar con el virubicho y todo quedaría conectado de nuevo.


En su mundo de conciencia infinita, los pájaros en libertad que podían volar y nadar, intentaban encontrar la solución con sus pensamientos puros sin contaminación.

En sus pechos latía el amor, la unión, la humildad y la esperanza de conseguir un mundo mejor.

Con sus vuelos armoniosos, cantos y piruetas acuáticas: llenaban el mañana incierto del mundo envuelto en silencioso aislamiento.


Tras dos años de confinamiento un día Philippo quiso tocar una de las aves que "podían volar y nadar" y que tan bello plumaje habían desarrollado. Quiso sentir en su pecho el latido de la libertad.

Lo deseó con tanta fuerza que un colibrí, danzarín, que en su jardín andaba para dar paso a la primavera con sus ráfagas de color canela y mandarina le escuchó. Se le posó en el hombro y con dulce aleteo le susurró al oído: "Philippo no temas, el engranaje del mundo se está alineando."

Tras las grandes catástrofes el ser humano: aprende, se valora , se ama, se respeta, nace la humildad en su corazón. El hombre que todo lo puede y todo lo destruye, ¡también aprende de sus errores y recupera sus valores!.

La curva de la historia es necesaria para el aprendizaje, para la salvación.


El colibrí le picó suavemente junto al corazón y se marchó. ¡Por fin los pájaros que podían volar y nadar habían encontrado la forma de conectar con los humanos.

A la mañana siguiente Philippo despertó alado, tras sus brazos habían crecido unas alas preciosas de bellos colores y su pelo se tornó en forma de cresta. Tenía el cuerpo azul cielo, con sus ojos castaños, su boca rosada, su piel aterciopelada. Se había convertido en un ser precioso.

Philippo empezó a volar de un sitio a otro haciendo piruetas, surcando los mares, visitando los zoos, haciendo crecer el amor en los corazones, llevando la esperanza a todos los seres del planeta. Conectado con todos los nuevos habitat y compartiendo la vida con los "pájaros en libertad que pueden volar y nadar" recobró información suficiente para todos los científicos e investigadores que tan dura batalla llevaban en los laboratorios.


Philippo les hablaba de las mutaciones acuáticas, de la adaptación de las especies terrestres ahora escamadas. De las grandes lianas, árboles y junglas que se habían desarrollado bajo las escafandras de los zoos.

Les habló de como los pájaros que sabían volar y nadar habían contribuido a la ilusión, a la esperanza, de como habían mezclado el plancton de mares y océanos.

Con toda esta información unida a las muestras aéreas, acuáticas y terráqueas pudieron encontrar la vacuna para el virubicho que asolaba el mundo.


Tras dos largos años de mutaciones, amor y aislamiento llegó la nueva vida. El antídoto se había conseguido, el mundo podía enterrar su manto gris marengo polilla cabezona. El futuro estaba ahí.

Un bello mundo surgía lleno de valores y fantasía.

Los mares y océanos compartían un ecosistema acuático lleno de especies nuevas, viviendo en respeto y libertad.

Ya no había cautiverio ni caza de animales, los zoos se habían convertido en grandes pulmones amazónicos. Libres de sus escafandras con su nuevo habitat de libertad.

El hombre había aprendido sus valores primarios, cosas sencillas y básicas como el respeto, la familia, el amor, la amistad.

¡Qué bonito despertar de una nueva raza!.

¡De un nuevo Mundo!.


Conseguido el proceso del cambio Philippo volvió a su estado natural, ahora era un bello adolescente de 18 años listo para amar y respetar.

Para aportar al mundo los sueños no perecederos de la unión y la esperanza.


"Y el colibrí le susurró al oido: todo fue un sueño Philippo", ningún humano sabrá de la verdad.

De tu existencia,

De tu piel azul aterciopelada, tu boca rosada, tus alas mutadas en una noche "crestada"de ilusión, forjada para un mañana mejor.


Y este es el bonito relato que la tía María me contó, si el lector advierte incongruencias o animales y peces locos y poco ortodoxos que disculpe mi estado febril.

"Paparajote yo entendí".


A este bello cuento de fantasía inesperada y utopía soñada añado mi:

Reflexión de Mundo de Color, en "mi" Madriguera:


No quiero políticas inventadas que me lleven al destierro del amor, de la vida, de los míos, de este Mundo de Color. Como pajarillo en libertad: "quiero volar y nadar".


No quiero excretar el grito de la sociedad, quiero ser consciente de un mañana cierto.

Mi alma quiere pensar, quiere la paz.

Quiero ser pionero de mi sino, cuidar mi destino, alentar a un mundo cetrino sentado en el olvido.


Mi Realidad,

Mi Vida,

Mi Pasión,

Mi Mundo,

Y mi vida en Destierro,

Solo quiere consuelo,

Quiere el respeto de una sociedad, sin sentido, sumida en su sino.

Lecciones de vida ,coraje y amor unen nuestros destinos.

Paciencia y camino como un "pajarillo" que empieza a migrar hacia la libertad.

Libertad de un Mundo Vivo,

Unido en un mañana de Paz.


"Quiero volar y nadar".




Francisca Moreno,

By me,

In peace with me and my destiny.



(*) Perdón a los defensores de la fauna por llamar cabezonas a las polillas.

Todo ser vivo merece un respeto.


(*) Actualizado de comas, puntos y comillas.

Terminado el 3/04/2020 a las 15.55 horas





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