hotel la mamounia, marrakecH

Actualizado: 18 de may de 2020


Hall de lujo

He estado alojada en en este hotel palacio, recientemente, y realmente es un concepto muy exclusivo el que tienen para alojar al cliente.

El olor es embriagador, cuando crucé la puerta y penetraron en mí toda la mezcla aromática, exótica y super exclusiva mis ojos se llenaron de lágrimas pues durante muchos años soñé con visitar Marrakech y todos mis sueños estaban en ese perfume. Me giré y le di un beso a mi marido en agradecimiento por compartir este destino conmigo.

Tuve la fatalidad de llegar enferma con un virus del estómago que, sin vómitos ni otros síntomas propios, me produjo unas altas fiebres y dolores de cabeza. Esto hizo que no pudiese disfrutar de todos los servicios del hotel pero a la vez poder estar muy cómoda dentro de él, sus restaurantes, café e incluso en la propia habitación que disponía de un servicio intachable del que pudimos disfrutar uno de los días comiendo ahí. Recomiendo totalmente el servicio de habitaciones para lo que desees y sobre todo el desayuno si te hospedas varios días.

El trato es inmejorable y la organización del hotel para solventar situaciones. Tienen un despliegue de staff impresionante: consigna para viajes, taxis, guías...y otro mostrador para el check-in y reservas internas de lo que necesites, también una chica vestida de rojo con un vestido largo que es su uniforme, ella deambula por todo el hall y cafetería para satisfacer toda petición o consejo para que tu estancia sea mas sencilla si en algún momento estás alejado de recepción pues el hotel es inmenso.

No me gustó que vengan excursiones para visitarlo pues resulta incómodo si tropiezas con un grupo. Después de la tarifa tan alta del hotel prefieres que todo sea muy privado. Te lo cuento pues ya si te pasa no te resultará raro e ignorarás fácilmente la situación.

Cuando entras en shuttle tienen un detector de bombas que pasa por debajo de todos los vehículos y en la entrada principal para los no huéspedes tienen un detector de metales y les hacen un chequeo como en el aeropuerto. La seguridad del hotel es buenísima pues es frecuentado por famosos y personas de la realeza que llevan su séquito para comer ahí o asistir a algún evento. Coincidimos con una joven vestida como una princesa en verde esmeralda y pedrería. Llevaba el pelo larguísimo lleno de tirabuzones y unos zapatos de metal con las puntas retorcidas como un genio de una lámpara. El personal del hotel se abría a su paso y nosotros vestidos para ir a jugar al golf, un choque impresionante de "el qué hacer cotidiano". Este tipo de personas desayunan en sus habitaciones, por supuesto y sólo puedes verlas en zonas comunes como los restaurantes.




Haciendo el check-in

Cuando llegas al mostrador principal y te piden el nombre y pasaporte rápidamente te acompaña un empleado y te dice que esperes sentado para que ellos se encarguen de asignar habitación, subir equipaje y hacer todo lo pertinente para el registro del cliente.

Me pareció divino, uno siempre llega cansado del viaje y esta forma de hacer el check-in es muy cómoda y más si llegas con fiebre como fue mi caso. Menos mal que pasando de glamour opté por un socorrido jersey de lana beige (Green by Green Coast) de un tacto muy suave, pantalones vaqueros tobilleros de pata recta decorados con strass y deportivas blancas. Para viajar en avión no hay nada para mí como unos buenos jeans y zapatillas, una vez me dijeron que la verdadera moda se mueve por los aeropuertos y es cierto; yo creo que de ahí ha surgido esta locura de llevar zapato deportivo con todo. En este hotel te va a hacer falta este tipo de calzado si quieres recorrerlo todo, utiliza tu ingenio y haz las combinaciones más dispares con él.



Leche de almendras y dátiles

Este pequeño tentempié te lo ofrecen mientras estas sentado esperando el check-in, se compone de leche de almendras y dátiles. Yo resulté adicta a esta leche, tomé tres vasos en el desayuno uno de los días y cenando una de las noches pregunté por esta bebida en el restaurante italiano del hotel y me pusieron un vasito por el que me cobraron 8€, yo pensaba que me lo regalarían después del súper sablazo que nos pegaron por la cena pero...no, en fin, era el postre que me apetecía.


Desde que probé la leche de almendras en Marruecos no puedo parar de consumirla, ninguna como aquella. Me explicaron que la procedencia era muy artesanal y certificada de alta calidad. Exquisita.


Sin fiebre, lista para la cena

Aquí estoy yo, tras una ducha, sin fiebre y un par de copas de Taittinger dispuesta a cenar en el francés del hotel.

Mi gozo en un pozo, ji, ji. Yo que: "había llevado modelito estudiado desde casa" y tras la fiebre y el cansancio no fui capaz (o no quise, o pasé de todo) de ponerme las sandalias con tacón fino, color oro de Carolina Herrera que me había llevado para combinar con este chandal de Gucci que con una americana negra y camiseta blanca me parecía un look total. En otra ocasión sacaré palmito, sin duda, que para moverte con sandalias hay que estar muy "in"si no quieres andar rarita.

Con éste maxi-jersey de Zara Home, en chandal con bolsito de Gucci a juego, unas Ted Bakers super monas y un par de narices me presenté yo en el lujoso restaurante del hotel Mamounia en mi primera noche (me río, fue divertido). El ambiente era muy íntimo y sofisticado, cenamos encantados y muy relajados.


Tras la cena un ratito para disfrutar de la cafetería

Bellísima decoración


Mi bolso encajaba ideal con los colores marroquíes de La Mamounia

Primer contacto con el té moruno

Menos mal que todo era precioso porque poco después de la cena empecé a sentirme mal de nuevo y pronto la fiebre se apoderaba de mí otra vez. Decidimos tomar un té moruno en la fastuosa cafetería del hotel en la que esa noche había muy buen ambiente. Todos los detalles estaban muy bien cuidados para el deleite de la vista, no había un rincón que no fuese un reflejo de arte. No subí ni una historia a Instagram en todo el viaje y fotos, las justas pues en los momentos que me bajaba la fiebre salíamos como locos para ver, recorrer y disfrutar lo que pudimos. Gratos recuerdos en la memoria y ganas de volver muy pronto, en mejores condiciones de salud.


Me resultaba exótico el idioma, cuando salimos del aeropuerto con el chófer que nos esperaba y empecé a ver todas las matrículas con estas letras ya estaba expectante para ver estas tierras.Hasta la botella de agua tenía un puntazo que tuve que hacer una foto y pedir al camarero que la posara en la mesa.

Recuerdas las gafas que compré de California, eran perfectas para desayunar en el precioso paraje que rodea la terraza del desayuno. Como curiosidad he de decir que no disponen de mesas dentro, sólo terraza con estufas junto al borde de la piscina.

Fantástica piscina caliente

Un nuevo día amanece y dispuesta a descubrir nuevos mundos y sabores me despierto gustosa para vivir experiencias que me aporten nuevos valores y hábitos. No olvides llevar bañador y ropa mona para la bonita piscina caldeada que tienen. Hay bastante rollete de gente con trabajos publicitarios. Coincidimos con un grupo de italianas que todas llevaban una bolsa de tela con una marca rotulada, era muy divertido ver sus diferentes looks y pensar: "la peluquera, la estilista, la jefa de publicidad, la modelo...ji, ji". En fin, consejo, ponte cómoda y guapa en todo momento. Es indiscutible que la ropa transmite energía y cuando viajamos da gusto llevar trapitos nuevos, o ingeniar nuevos estilos con las prendas que tenemos.


Mis gafas de interior, súper cool

Las pedí por internet a unos artesanos en California, solo son para pasear palmito en interior de restaurantes o discotecas. Me encantaron para este viaje y completaban uno de mis modelos para cenar en la glamurosa Mamounia. Prometo hacerme fotos y publicar pronto pues aquel día solo estaba para disfrutar con mi marido la tregua que me daba la fiebre. "C'est la vie comme ça", los mejores momentos siempre viven sin fotos pues no quieres perder tu tiempo y romper la magia.



Se cierra el telón a este viaje que ha cambiado perspectivas de mi vida e influenciado en mi modus vivendus y día a día

Camino del aeropuerto en el shuttle

Aquí llevo mis gafas del desierto, rumbo a España y con muchas ganas de volver dejando atrás momentos en blanco y negro que me hicieron crecer. Choque de culturas, mezcla de olores y sabores, lujo y pobreza, rostros gentiles y ojos de miradas profundas.

Un beso tierra rojiza y lejana.